NYMPH()MANIAC, volúmenes I & II

Escrito por Alex Merino Aspiazu

Ladra pero no muerde.

Nymphomaniac_09_photo_by_Zentropa

Cuando Lars von Trier anunció a los cuatro vientos que se disponía a realizar una película pornográfica, muchos se llevaron las manos a la cabeza (y otros a la bragueta). Poco a poco fuimos sabiendo más detalles de la producción: duraría más de cuatro horas (en un género, el porno, en el que la mayoría de espectadores no pasa de los cinco minutos de visionado) y su elenco estaría formado por rostros mundialmente conocidos: Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgard, Christian Slater, Uma Thurman, Shia LaBeouf, Willem Dafoe, Jamie Bell… Más tarde nos dijeron que la película se estrenaría dividida en dos volúmenes (porque “partes” no queda tan chic como “volúmenes”), y que el director danés había accedido a eliminar del montaje algunas de las escenas más explícitas para así poder exhibir su obra en salas comerciales. Porque rodar una obra polémica y que nadie la vea es como gritar al televisor cuando sale un político: tus palabras pueden ser de lo más osadas pero se quedan reverberando entre las cuatro paredes del salón de tu casa (con suerte tu vecina captará alguna palabra suelta y pensará que estás de botellón con los amigos). Finalmente, algunos afortunados pudieron asistir a los primeros visionados del film, y dijeron de él cosas como “aporrea el cuerpo y ablanda el alma”, lo cual nos pareció maravilloso pero, por desgracia, no entendimos ni una palabra. Y así llegó el 25 de diciembre, fecha elegida por el anticristo danés para presentar al público el primer volumen de los relatos de su ninfómana.Y la vimos. Y nos gustó. Pero sentíamos que nos faltaba algo. ¿El segundo volumen, tal vez? Vimos, pues, la segunda mitad. Y, ahora sí, ya estamos preparados para hablar de la esperadísima y muy polémica Nymphomaniac I & II.

Nymphomaniac_19_photo_by_Christian_Geisnaes

Lo primero que hay que decir, es que Nymphomaniac no escandaliza a nadie. A menos que acudas al cine a ver la última de Richard Curtis y te confundas de sala, en cuyo caso puedes llevarte un susto considerable. Pero los que habíamos hecho algún seguimiento de las noticias que se iban dando a conocer desde el momento del anuncio del proyecto, estábamos curados de espanto. Sabíamos, por ejemplo, que la labor del diseñador de vestuario no iba a brillar demasiado. O que íbamos a ver suficientes genitales masculinos y femeninos como para confeccionar un catálogo. O que algunas escenas probablemente iban a hacer que apartáramos los ojos de la pantalla. Y, sin embargo, se nos pasó por alto que quizá la película pretendía ofrecernos otro tipo de provocación, una mucho más intelectual que carnal: el alegato de una mujer cuya naturaleza desafía los estandartes sociales y por ello es crucificada.

NYMPHOMANIAC_06_Christian_Geisnaes

Porque Nymphomaniac es, a pesar de todo, una película feminista que habla de la opresión de una sociedad que ata en corto a los suyos, de la religión como fundamento de una moral asfixiante y podrida, y de la naturaleza humana como algo salvaje e indomable. Joe, la protagonista, es castigada a cargar a sus espaldas con la culpa de una sociedad hipócrita que reniega de sus monstruos. Así visto, la idea de estrenar la película el día de Navidad no es tan mala. Podríamos ver a la ninfómana como un Jesucristo moderno que vuelve a la tierra ya no para morir por nuestros pecados, sino para poder quitarse el peso de la cruz y mostrar al mundo que, si hay Dios, éste no puede ser perfecto.

Nymphomaniac_18_photo_by_Christian_Geisnaes

No hay inocentes ni culpables. Sólo gente que sobrevive a pesar de sí misma y que se maldice por su naturaleza imperfecta. Joe se revela en el momento en el que rechaza el apelativo de adicta al sexo; ella es ninfómana. No tiene una adicción; tiene una identidad, una naturaleza. Como el fresno, el más bello de los árboles, que cuando llega el invierno y sus hojas se desprenden de las ramas, deja ver pequeñas manchas negras que en veranos se hallaban ocultas bajo su portentosa fachada.

Nymphomaniac_04_photo_by_Christian_Geisnaes

Tal vez sea un poco exagerado afirmar que Nymphomaniac debería ser de visionado obligatorio en los institutos y centros escolares, pero sin duda es imprescindible para el espectador que busca en el cine un camino hacia un pensamiento alternativo.

Valoración: 8/10

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