Melodías de África

Por Ana Garay

Melodías de África

Imagina que eres una danesa pudiente de principios de siglo (XX) y vas en una avioneta pilotada por un intrépido rubiales. Encima, un cielo azul y un sol refulgente, abajo nubes y un continente tan increíble como misterioso… ¿Qué más se le podría pedir a un momento como éste? Entonces llegó John Barry y plantó su batuta.

Memorias de África. Qué gran película. Qué fotografía. Qué gran Sydney Pollack. Qué guión. Qué gran música… y así hasta los siete Oscar que ganó. Que lo suyo le costaron, ni más ni menos que 27 milloncitos de dólares en tiempos de Maricastaña. Pero claro, vete tú a hacer una superproducción de estas características a África, a ver por cuánto te sale la broma.

El caso es que fue rentable la cosa por todos los lados: premios a gogó, crítica y público a sus pies. Y lo mejor: una peli, dos personajes y una banda sonora que llegaron para quedarse.

La historia no es ni más ni menos que las memorias que Karen Blixen, baronesa y escritora de Dinamarca, escribiera tras diecisiete años en Kenia plantando café, enamorándose de su correspondiente Robert Redford y volando en avioneta, así a grandes rasgos.

Como protagonistas, el lujazo de contar con dos titanes de la gran pantalla, ambos oscarizados ya previamente. La siempre increíble Meryl Streep y su truhán particular Robert Redford. Historia de amor donde las haya, de esas con pasión, libertad y locura de por medio. En el corazón de un continente tan inhóspito como alucinante.

memorias de áfrica

Sobre la banda sonora… Empecemos presentando a su creador: John Barry, inglesito nacido en el seno de una familia relacionada con el cine, se dedicó toda su vida a escribir bandas sonoras –también para la tele y musicales-. Creó muchísimas, y algunas de ellas tan famosas como Bailando con Lobos o Nacida Libre. Puso música también a once de las catorce películas de la saga 007 que siguieron al filme Dr. No.

Cuando compuso Memorias de África se encontraba en medio de una crisis depresiva, a la que supo sobreponerse dando a luz a la que probablemente sea su obra maestra, al menos cinematográficamente hablando. Nos sumerge en un universo dulce y melancólico, en el que hay que pararse un segundo para entender, para sentir. Un poco como el sol del invierno cuando te da en la cara y entonces cierras los ojos y así te quedas. La inspiración de esta banda sonora nace en gran parte del personaje de Meryl Streep. De su soledad pese a estar casada; del amor que vuelve a encontrar en otro hombre al que tiene que aceptar tal y como es. La música de Barry nos habla también de un continente, de un estilo de vida que está siendo transformado por el siempre imperialista y egocéntrico hombre blanco. Nos habla de paisajes que el ojo humano no es capaz de abarcar, de manadas de animales huyendo en una estampida lenta y grandiosa desde la vista del águila.

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