La Bella Narcolépsica

Por Ana Garay

la bella narcolépsica

De Disney lo que más mola (y si no lo que más, casi) es escarbar un poquito y descubrir que la princesa de turno que un día dejara su huella en el celuloide, en realidad había comenzado su andadura por el imaginario colectivo muchos, muchos años -¡incluso siglos!- antes. Solo hay otra cosa de Disney que puede molar más que esto: sus bandas sonoras. Porque da igual si eres más de La Cenicienta que de Robin Hood, o de Los Aristogatos más que de La Sirenita… ¿A quién no se le ha metido nunca uno de sus estribillos entre oreja y oreja, o ha movido el culo a ritmo de HakunaMatata?

Disney también tiene valses que todos hemos cantado. Como el de La Bella Durmiente, que seguramente tararearas mucho antes de saber que era un vals.

Como concepto, La Bella Durmiente es un tanto vasto para su abordaje. Es esa película, hito en su época y obra faraónica de la animación. Comienza su producción en 1951 con  los primeros bocetos del guión. Un año más tarde se graban las voces (así es, antes el huevo que la gallina. O viceversa, no sé). La animación del filme se realiza del 53 al 58, grabación de LA BANDA SONORA en 1957, y ya, por fin, el 29 de enero de 1959 el maldito estreno. Es además la última adaptación de un cuento de hadas en vida de Walt, primer largometraje animado rodado en superTechnirama 70 y el último entintado a mano.También es un fiasco de taquilla y crítica en sus primeros años de vida, cosa que luego dará la vuelta a la tortilla. Pero, aparte de este puñado de datos wikipédicos, la Bella Durmiente es también otras tantas cosas. Es la mujer violada durante su letargo -Almodóvar, no has inventado nada- de Basile (Italia, 1635), la reina con una suegra horrible de Perrault (Francia, 1697), la princesa de cuento de los Grimm (Alemania, 1812) y el ballet de Tchaikovski (Rusia, 1889).

Volviendo a la versión de la factoría de sueños más grande jamás patentada, el guión corrió a cuenta de Erdman Penner, quien hizo un popurrí de los relatos de Perrault y los hermanos Grimm, y añadió algún que otro pasaje de cosecha Disney. Por ejemplo, la escena en la que el príncipe Felipe (desafortunada adaptación de nombre a la versión de habla hispana, lo sé) escapa del castillo de Maléfica había sido ideada unos añitos antes para aparecer en Blancanieves, pero en su momento los medios no eran lo suficientemente avanzados como para que saliera algo de calidad.

En cuanto a la banda sonora… pues os va a parecer un poco fuerte, pero fue encargada por Ivan Vsevolozhky, el director de los Teatros Imperiales rusos, en 1888 al bueno de Piotr Tchaikovski. En el Imperio Ruso, ¡en tiempos de zares! A Tchaikovski. Menudo caché. La verdad es que la peli es un gustazo en general, porque aparte de la (gótica) madurez que empieza a dejarse ver en el diseño de la cinta, pasarse hora y cuarto escuchando una obra maestra de la música clásica es auténtico puturrú de fuá. Luego están los añadidos Disney, como la melosa (eufemismo de “empalagosa”) canción de El Príncipe Azul sobre el vals original, y demás vocecillas angelicales que se pasean por palacio y por los bosques del reino. Pero bueno, ya hemos aprendido a vivir con eso a lo largo de los años. Y lo que es peor, nos encanta.

Lo que más mola de los cuentos es que, da igual de qué siglo o de qué parte del mapa salgan, nunca mueren. Tienen más vidas que un gato, y más caras que Bélmez. Poco importa si van de boca en boca, si son plasmados en un libro o llegan a la gran pantalla y acaban decorando millones de tazas y/o/u camisetas. Siempre hay una nueva manera de contar un cuento. Pero sobretodo, siempre hay una nueva manera de oírlo, leerlo, verlo o escucharlo. Cómo molan los cuentos.

fin

 

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2 thoughts on “La Bella Narcolépsica

  1. Hay una historia truculenta en todo esto, que no viene al caso; pero que baja la fantasía de todo esto. Son propietarios de los derechos de autor y me enteré no sé donde que hasta habían denunciado a una institución de ayuda caritativa a niños pobres por haber replicado un personaje Disney. Uno puede pintar a la cenicienta, por ejemplo, pero no a la cenicienta de Disney.

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