El viaje de Bettie: Dejad que la Deneuve se fume un cigarro

Escrito por Alex Merino Aspiazu

“El viaje de Bettie” es una road movie francesa que narra la historia de una sexagenaria que un día salió a dar una pequeña vuelta en su coche y acabó surcando media Francia, tropezando por el camino con personajes de lo más variopintos. Como es habitual en estos casos, la comedia y el drama se funden para dar como resultado un relato agridulce aunque optimista. Nada nuevo en el horizonte. Pero, ¿acaso no es, en ocasiones, mejor lo malo conocido? ¿Y si encima lo conocido no es malo, sino que es muy bueno? Ahí es donde entra en acción Catherine Deneuve. Ella. Protagonista absoluta de la película. Cada vez más parecida físicamente a Carmina, la madre de Paco León, pero en fina, se entiende. Musa de Jacques Demy, Luis Buñuel, Françoise Truffaut o Françoise Ozon entre otros. Diez veces nominada a los premios César (aunque ganadora en tan sólo dos ocasiones). Una mujer de la que era difícil decir si tenía más belleza que talento, o más talento que belleza (menuda tontería, la respuesta correcta sería que tenía más talento en el dedo gordo del pie que la mitad del panorama cinematográfico actual, y más belleza en una mirada que un catálogo de Victoria’s Secret).“El viaje de Bettie” es un poco el viaje de Deneuve. Y nosotros lo compartimos con ella encantados.

El viaje de Bettie

Hay una escena, al principio de la película, cuando el viaje no ha hecho más que empezar, en la que Bettie busca cigarros sin éxito, llegando incluso a pararse al borde de una carretera para pedir a los conductores que pasan. Finalmente es un anciano, en un pueblo perdido, quien la invita a su casa para que pueda liarle un cigarro. En la escena, el anciano le cuenta a Bettie que nunca se casó debido a que su novia murió a la edad de 21 años y le hizo prometer antes de fallecer que nunca se casaría. Este momento es, sin duda, el punto más alto de toda la película, y sorprende saber que el anciano no estaba interpretando, sino narrando su propia vida. El dramatismo del relato se junta con la hilarante impaciencia de Bettie por llevarse a la boca ese cigarro que el anciano está tardando más de lo debido en liar debido a su artrosis, convirtiendo la escena en una pieza que, aislada de la película, resulta redonda, y bien podría venderse como cortometraje bajo el título de “Bettie quiere fumar”, o “Un cigarro para Bettie”, o algo por el estilo.

Otro punto clave de la película es cuando Bettie asiste a una reunión de antiguas Misses, y es inevitable reconocer a la propia Deneuve en esa escena. La actriz contempla un retrato de su juventud, cuando no sólo estaba en la flor de su vida, sino que toda ella era flor. Compara a la antigua Bettie/Deneuve y a la actual, y ve que poco queda, que los años han marchitado el fugaz tesoro de la juventud y su belleza. Pero la mirada… ¡esos ojos!, siguen siendo los mismos, sólo que con una notable diferencia: Bettie mira con añoranza al pasado, pero también con una especie de desafío, con una mastodóntica voluntad de seguir adelante, de reinventarse, de dar una fuerte calada a su cigarro y expulsar el humo en al rostro de Jorge Manrique cuando dijo aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

El viaje de Bettie

“El viaje de Bettie” no es brillante, no es ni mucho menos perfecta, pero contiene algunos personajes memorables y unas escenas de una honestidad apabullante. Y, qué demonios, Catherine Deneuve está como los ángeles. Sólo por esto, merece la pena su visionado.

Valoración: 7/10

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