Trilogía paraíso: Esperanza

Escrito por Javier García.

Ulrich Siedl cierra la saga con “Paraíso: Esperanza”. Melanie, de trece años, se enamora de  su médico durante su estancia en un campamento de verano para jóvenes con sobrepeso. ¿Se debe el título a la temprana edad con la que la protagonista experimenta lo que puede ser el amor? ¿Quiere acaso hacernos creer que Melanie no está perdida todavía? ¿Que existe un futuro sentimental más prometedor esperándola? Difícil después de haber conocido ya a su madre y a su tía.

Paraíso Esperanza

Parece que la idea inicial del director había sido colocar la “Esperanza” en segundo lugar y la “Fe” en tercero, pero después de tantear las opciones posibles se decidió invertir este orden. Fue como una liberación. De pronto la trilogía funcionaba, dice Siedl. Puede ser. También puede uno pensar, después de ver la película, que visionando esta parte detrás de “Amor” (y del listón alto que presenta), el espectador podía encontrarse un poco decepcionado y, en consecuencia, con menos ganas de ver la última. ¿Sentido narrativo o estrategia de venta? Siendo ambas igual de respetables, la pregunta aparece por culpa de esa ligera decepción de la que hablaba.

No quiero con esto desmerecer una obra que tiene contenido, una fotografía impecable y un sentido de verdad tal vez incluso mayor que el de las anteriores (la frescura de los niños y niñas que actúan en ella, que no se habían expuesto antes a una cámara, es imposible de imaginar en cualquier persona adulta). El público no puede, en según qué escenas, evitar sentirse incómodo y fascinado por el carácter casi documental de la ficción. ¿Saben esos chavales que están siendo filmados? Por supuesto pero entonces… ¿cómo? Es magnífico sorprenderse con estos pensamientos en una sala de cine. Estos fenómenos suceden durante toda la trilogía. Sin duda hay algo en “el método Ulrich Seidl” (del que hablo en el texto sobre “Paraíso: Amor”) que está funcionando. Siendo así, y después de la cumbre tan alta que alcanza “Paraíso: Fe”, la llegada de esta última entrega se recibe con gusto pero con cierta ligereza.

Melanie Lenz interpreta a Melanie. No es la primera vez que los nombres de los personajes coinciden con los de los intérpretes. Como su propio autor cuenta, el guión es una pauta que sirve a los actores y a él para crear la historia final. Al médico lo interpreta el austriaco Joseph Lorenz, un conocido actor de teatro. Todo correcto. Esta vez no encuentro cómo detenerme alabando las interpretaciones de los protagonistas (más allá de la citada frescura que demuestra la joven). Tal vez los personajes resultan menos complejos y de ahí la sensación de quedarse un poco a medias.

Esperanza

En cualquier caso el film expone un apetitoso buffet de preguntas que ya se venían olisqueando y que se saborean ahora más gustosamente habiendo disfrutado de la obra al completo. ¿Qué es el amor romántico? No, realmente: ¿es amor lo que sienten o desean sentir estos personajes? Y si lo es: ¿es la mejor escalera para alcanzar ese edén anhelado? Su búsqueda no conoce edad, está inscrita en el destino del ser humano, parece decirnos Siedl. Quizá por esto se nos haya presentado a Melanie en último lugar: para hablarnos a todos, grandes y pequeños. Sin duda queda probado que la mejor manera de hacerlo ha sido a través de tres mujeres. Después de todo, ¿no fue Eva la que nos expulsó del Paraíso?

Valoración: notable bajo

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