Trilogía Paraíso: Fe

Escrito por Javier García.

“Prometemos conseguir que Austria vuelva a ser católica. Amén”. Llegan las vacaciones de verano y Anna María emprende su labor evangelizadora. Con una virgen de 40 centímetros de alto a cuestas, va llamando a las puertas de inmigrantes y marginados para rezar con ellos e iniciarles en las enseñanzas de la santa biblia. La faena no es sencilla, y el regreso a casa de su marido musulmán no ayudará a que lo sea.

Paraíso Fe

A través de la intensa historia personal de Anna María, la película nos ofrece, a modo de entremeses, los retratos de personajes variopintos. Ulrich Seidl se introduce en distintos hogares, en sus intimidades, y pinta un cuadro muy realista de cada uno.

Pero sin duda el mejor retrato que se nos presenta es el que encarna María Hoffstätter. Esta actriz prodigiosa, premiada por su papel en “Días Perros”, también de Seidl, ha trabajado con los realizadores más conocidos de Austria, Michael Haneke entre otros (“Les temps du loup”). Parece que lo crudo, lo extremo, lo violento, encuentran buen material en María para agarrarse y hacernos imaginar. Desde que recibió la primera versión del guión hasta el rodaje de la película pasaron siete años durante los cuales se estuvo preparando. Sabiendo esto y viendo el film, uno no puede evitar imaginarse a la actriz como una esponja escénica. Algo ha absorbido en ese tiempo, algo lleva ya dentro. No se sabe muy bien qué está haciendo o cómo, pero lo está logrando: está enseñándonos el fanatismo del ser humano, la desesperación del hombre (y la mujer) por sentirse parte de algo, protegido por algo, amado por algo. Y lo hace de la manera más difícil: consiguiendo que parezca fácil.

“Amor”. Así reza (nunca mejor dicho) el título de la primera parte de la trilogía. Y claro, no se podían llamar las tres igual, pero de haber sido así no habría dejado de ser un título apropiado. En “Paraíso: Fe”, lo que presenciamos no es sino una historia de amor extrema. Anna María no es tan diferente de esas mujeres maltratadas, anuladas, sumisas que vemos en tantas otras películas acompañadas de un marido autoritario, déspota y violento. Sólo que esta vez el marido es su señor Jesucristo. Sí, hay un marido real, pero que ocupa más el lugar del amante o del novio celoso: Nabil (interpretado por Nabil Saleh, otro prodigio, un egipcio que nunca había trabajado en cine y que impacta por la autenticidad con la que se expone a la cámara).

El verdadero amor de Anna es Jesús. Es por esto que el sencillo relato de un engaño amoroso, de un adulterio místico, pasa a ser un ejercicio magistral de originalidad.

Con una paleta de colores radicalmente distinta a la de su predecesora pero igual de seductora y sorprendente, la segunda entrega de la Trilogía Paraíso asienta un nivel de calidad cinematográfica raro en su especie. Sin duda es una buena ocasión para pisar las salas. Así algún día, convertidas en objetos de culto, podremos decir: “Yo las vi en el cine”.

Valoración: notable

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