¡Oh, Romeo, rechaza tu nombre!

Escrito por Javier García.

“Romeos”, la ópera prima de la directora y guionista Sabine Bernardi, que llega ahora a las salas de nuestro país desde que se estrenara hace ya dos años en la Berlinale, intenta cautivarnos desde su cartel con la siguiente pregunta: “¿Cómo querer a alguien si no muestras quién eres?” Romeos Interesante cuestión la que nos encontramos antes de entrar en la sala. Para reflexionar sobre ella se nos presenta a Lukas, un transexual  en pleno proceso de transformación de mujer a hombre: FTM (Female to Male) como él mismo se denomina. Tras llegar a la ciudad alemana de Colonia, luchará por abandonar la residencia femenina en la que vive y ser aceptado en una para chicos. Y mientras tanto conocerá a Fabio (Maximilian Befort), un homosexual con un armario a medio abrir. El resto de la historia se la pueden ustedes imaginar. Sí, es predecible. Sí, la hemos visto tantas otras veces con todo tipo de identidades sexuales. Sí, tampoco sorprende y el final despierta el siempre temido: “¿Ya?” Pero como lo importante en el cine no es sólo qué contamos si no cómo lo contamos, vale la pena aplaudir algunas dianas que se ha marcado la señorita Bernardi. La primera es sin duda el casting. El hecho de que el personaje de Lukas (Rick Akon) no sea interpretado por un transexual real ha llevado a algunas críticas, a lo que la directora responde en una entrevista: “Abrimos la convocatoria de casting a actores transexuales pero no hubo muchas respuestas. En cualquier caso se trataba más de la interpretación: no se puede actuar ‘lo transexual’ pero sí se puede actuar si amas a alguien.” Akon no sólo te hace dudar de si el actor que vemos en la pantalla es o no un hombre (él y los responsables de su caracterización) sino que por momentos consigue que imagines a Miri, la chica que en algún momento fue Lukas. El resto del reparto también destaca. Pero no lo hace de una manera brillante y estelar, si no con la sencillez de unos actores que ponen en su interpretación lo necesario para contar la historia. Nada más y nada menos. La película transmite al espectador la angustia y la confusión de los personajes de una manera bastante verosímil. Los que en un principio parecen bocetos borrosos de un cliché, se van aclarando poco a poco hasta que llega a entreverse el dibujo de unos individuos reconocibles, humanos y únicos. La idea para el guión surgió de un documental previo para el que investigaba Bernardi. Se nota que la realidad en la que está inspirado no deja al filme caer en un saco con el resto de cintas de su género que se le parecen. Los premios que ha ido ganando también ayudan. Romeos Recordamos: “¿Cómo querer a alguien si no muestras quién eres?”. Quizá el mayor logro haya sido conseguir que esta pregunta no sea una simple herramienta publicitaria, una provocación o una manera de rellenar el cartel. ¿Eres la persona que quieres ser? ¿Sabemos realmente quién somos? Estas y otras dudas te asaltan en la butaca mientras observas a los protagonistas luchar por sus identidades. Una lucha que en el fondo es universal y que habla a cualquiera que tenga los oídos un poco abiertos.

Valoración: suficiente alto

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