Lo que el día debe a la noche

Escrito por Alex Merino Aspiazu.

Alexandre Arcady trajo a Madrid su último trabajo, adaptación de la novela de Yasmina Khadra del mismo título. La historia gira en torno a Younes, un niño argelino que se ve obligado a trasladarse a Orán para vivir con sus tíos debido a la extrema pobreza de sus padres. La película abarca varios años de la vida de Younes, que ahora se hace llamar Jonas, y tiene como puntos argumentales fuertes la independencia argelina y, especialmente, la irrupción en el pueblo de Émilie, una bella muchacha que provocará que la estable y acomodada existencia del protagonista se tambalee.

Fu'ad Aït Aattou

Si alguna pega puede ponérsele a “Lo que el día debe a la noche” es que, quizás, resulta demasiado académica y por ello tal vez le falte un poco de corazón. No es que vayamos buscando “El diario de Noa”, ni lo buscamos ni lo queremos, pero la película de Arcady tenía todos los ingredientes para contar una historia de amor épica, y por desgracia se queda solamente en bonita. Que no es poco. Lo que sí puede decirse en favor de la película es que está hecha para ver en una sala de cine (sí, esos espacios grandes y llenos de butacas -que no espectadores- donde, a oscuras, se proyectan películas en enormes pantallas con una buena calidad de imagen y sonido, todo ello por un módico predio que ronda los 9 euros). Y con esto quiero decir que técnicamente es intachable: una fotografía bien cuidada, a ratos realista y a ratos preciosista, el sonido resulta envolvente, y algunas de sus imágenes son realmente bellas y dignas del gran formato. Y, por si a alguien le vale como argumento, los dos protagonistas, Fu’Ad Aït Aattou y Nora Arnezeder, además de buenos intérpretes son la pareja más bella que veréis en una pantalla de cine este año.

Nora Arnezeder

Uno se pregunta si era verano la mejor época del año para estrenar la película. El cine español ya ha aprendido (aunque resulta cuestionable ese aprendizaje) que estrenar en verano es sinónimo de darse un buen batacazo en taquilla, y que resulta más apropiado esperar al otoño y ver si el reconocimiento de la cinta en festivales nacionales puede animar a ese público perezoso del que está lleno el país a verla. Y es que en los sofocantes días de julio y agosto parece que el terrible y monstruoso esfuerzo que supone desplazarse hasta el cine más cercano sólo merece la pena hacerse por ver a Superman menear la capa o a Lobezno afilarse las cuchillas (o como él lo denomina: “hacerse la pedicura”). Quien vio “El árbol de la vida” de Malick en pantalla grande, por poner un ejemplo, sabe que esto no es así. Quien vea “Lo que el día debe a la noche” pensará lo mismo, aunque salvando las (muchas) distancias, por supuesto.

Pros: La belleza de sus imágenes, una bonita historia de amor y, de paso, recibir una pequeña lección de historia.

Contras: Sus 159 minutos de duración que pasan como, efectivamente, 159 minutos.

Valoración: notable bajo

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