Llévame a la luna

Escrito por Álex Merino Aspiazu.

Alguien pide desde el título que le lleven a la luna. Uno no pide tanto, pero con ese enunciado espera que lo lleven a lugares desconocidos y territorios inexplorados. En definitiva; a un espacio novedoso. En ese sentido, la película de Pascal Chaumeil no defrauda: viajamos desde París a Moscú, pasando por Nairobi y el aeropuerto de Copenhague. Pero que nadie se engañe: viaje, lo que es viaje, no hay, y olvídense de encontrar siquiera una pizca de novedad en la película, que no es otra cosa que una comedia descafeinada de la que sólo se libra su protagonista femenina, Diane Kruger, por bella y poco más.

Diane Kruger

Hagamos una prueba: yo les cuento brevemente la sinopsis de “Llévame a la luna” y ustedes tratan de adivinar el final. ¿De acuerdo? Vamos allá: La familia de Isabelle arrastra una maldición que se remonta al siglo XIX según la cual los primeros matrimonios siempre fracasan. Para esquivar dicha maldición y poder casarse con su novio, la protagonista decide buscarse un palurdo a quien seducir y con quien casarse para inmediatamente divorciarse de él y consumar el matrimonio en segunda instancia con su novio. Hasta ahí correcto. Bien. Ahora piense y trate de averiguar el desenlace de la película. No lo piense mucho, esta se la sabe. ¿Ya? ¡Exacto! Justo así es como termina. Felicidades, querido lector, ya es usted tan imaginativo como el guionista del film. No desvelaré el asombroso misterio por si algún lector lee esto recién salido de la cueva en la que ha vivido toda su existencia y jamás ha visto una comedia romántica, pero le daré una pista: los palurdos, en las películas, tienen un enorme, enorme, enorme corazón.

En el cartel se nos indica que la película es de los mismos productores que “Intocable”. Sí, esa película tan complaciente que arrancó las lágrimas de medio mundo con su historia de superación. En general gustó, y a algunos les pareció una valiente memez que tenía por propósito dejar a la gente satisfecha de sí misma por apoyar la historia del negrito pobre y el blanquito paralítico rico que, en el fondo, son tan distintos y tan iguales. Aplausos, abucheos, lágrimas, puñetazos a la pared. Pero el caso es que, les gustara o no aquella película, poseía una virtud maravillosa y no poco escasa en el cine de hoy: eficacia. Sí, señores. La película de Olivier Nakache y Eric Toledano cogía una historia que ya nos sabíamos, que ya nos habían contado, y la exprimían de todos los modos posibles para colarnos un gran topicazo como una historia original. Chapeau! No sucede lo mismo con “Llévame a la luna”, que cuenta una historia que nos sabemos de memoria, pero encima la cuenta del mismo modo que la hemos visto hasta la saciedad. No hay nada novedoso en ella. No hay chispa. Es un cine conformista que se limita a reciclar tramas y gags de la peor comedia romántica.

Llévame a la luna

Y uno se pregunta a dónde fueron los 25 millones de euros de su presupuesto. ¿Era necesario trasladarse a Rusia o África para rodar? ¿O es que hacía falta mucho dinero para convencer a Diane Kruger para meterse en semejante berenjenal? Volviendo a la comparación con “Intocable” (y recordando siempre que las comparaciones, además de odiosas, sueles ser absurdas), ésta costó cerca de 10 millones de euros, es decir, menos de la mitad que la joyita que nos ocupa hoy, y recaudó casi 250 millones alrededor del mundo. Desconozco cuánto recaudará “Llévame a la luna”, pero seguro que muchos de los que paguen en taquilla para verla saldrán pensando que más les valía haber ahorrado ese dinero para, quién sabe, irse a la luna.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s